Pazo Baión, el albariño hecho orfebrería

Pazo Baión, el albariño hecho orfebrería

Los trabajos de poda que se llevan a cabo estos días en la finca se realizan de forma artesanal. El objetivo, cuidar de unos viñedos únicos con más de 40 años de media y obtener una uva de extraordinaria calidad

La viticultura puede convertirse en un arte. Un universo que alberga dosis extraordinarias de dedicación, conocimiento, pasión… Y que, en algunos casos, esconde un componente artesanal que eleva el resultado final, el vino, a otra dimensión. Seguramente a aquella que evocaba Oscar Wilde cuando sostenía que «se podía curar el alma por medio de los sentidos». Pazo Baión ha hecho de esta una de sus señas de identidad. Sus tres elaboraciones, Pazo Baión, Gran a Gran y Vides de Fontán, son la consecuencia directa de una forma única de entender este mundo. Un camino que sitúa la calidad por encima de la cantidad. Es el albariño hecho orfebrería.

No hay más que detenerse estos días en lo que ocurre en la finca para comprender esta realidad. En una tarea, más concretamente, que quizás pase inadvertida para el gran público, pero que tiene una importancia capital en la fascinante travesía que se recorre desde el viñedo hasta la botella: la poda. En Pazo Baión, es esta una tarea que se realiza de forma artesanal, con un equipo humano que conoce a la perfección casi cada planta de la propiedad.

A diferencia de otras grandes denominaciones de origen en las que es habitual realizar trabajos mecanizados de prepoda, en Pazo Baión todo el proceso se realiza a mano. Planta por planta. Con el mimo que reciben las cosas buenas de la vida. ¿Por qué? Principalmente para proteger unos viñedos únicos en su conjunto en la DO Rías Baixas.

«Hay que entender –explica Alberto Barral, responsable de viticultura de la bodega- que estamos en una plantación de 22 hectáreas con una edad media de los viñedos de entre 40 y 45 años. Por tanto, hablamos de una de las plantaciones más extensas de Rías Baixas y que además cuenta con una edad media de los viñedos muy avanzada. Es una propiedad única».

En ese camino para convertir el albariño en orfebrería la poda juega un papel clave. Los técnicos sacrifican el volumen de varas que se dejan en cada planta para extraer lo mejor los viñedos de Pazo Baión, para elaborar unos vinos de pago distintos. «Con la poda no buscamos solo producción, sino especialmente la calidad. Vamos a dejar menos varas que en plantas que a lo mejor pudieran tener entre 15 y 20 años para cuidar el viñedo y, sobre todo, obtener una uva de extraordinaria calidad», argumenta Barral.

Pero también para preservar la vida de unas viñas únicas. Distintas. Historia viva de los vinos albariños. Con su trabajo, el equipo de viticultura de la bodega ha logrado extraer de las plantas una materia prima con la que producir tres elaboraciones, Pazo Baión, Gran a Gran y Vides de Fontán, que han conquistado los mercados por su personalidad y su autenticidad.

Un resultado en el que influye de forma decisiva el factor humano. El delicado compromiso que el equipo técnico de la bodega mantiene con una finca singular, un valor añadido que acaba trasladándose a los vinos albariños que se elaboran en Pazo Baión.

 

 

LA RELACIÓN HOMBRE PLANTA

Los trabajos de poda, sin ir más lejos, caen año tras año en las manos de los mismos profesionales. Este conocimiento acumulado permite conocer al detalle las necesidades de cada vid. Los cuidados personalizados que precisa para extraer todo su potencial. Es una suerte de relación hombre planta.

«Nosotros -detalla Barral- tenemos personal muy experimentado. El equipo de poda es el mismo todos los años. Es una tarea muy delicada que no queremos que pase por distintas manos. La persona que mejor conoce la planta será quien trabaje sobre la planta para cuidarla, para maximizar la calidad de la uva que después vendimiaremos». Es, en síntesis, el albariño hecho orfebrería.

CUANDO EL FRÍO ES UN ACTIVO
Por extraño que pueda parecer, la ola de frío que azota la península estos días es un activo para los viñedos de Pazo Baión. Las bajas temperaturas acumuladas conectan con los ciclos vegetativos naturales de la planta, induciendo de alguna forma un descanso que favorece su longevidad y su salud.

Lo explica de forma muy gráfica el responsable de viticultura de Pazo Baión: «El tiempo frío intenso de estos días favorece el viñedo, porque ahora mismo está en plena parada vegetativa. La planta necesita unas horas de frío al cabo del año. Esto va a ayudar a curar la madera y que el año que viene fructifique mejor».

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